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Sobre la pastora

Pastora Florecita Merlos
Una vida de fe, servicio y perseverancia.

1. Infancias y Raíces Espirituales

La pastora Florecita Merlos nació en 1962, en Chiquimulilla, departamento de Santa Rosa, Guatemala, donde creció en un hogar sencillo junto a su familia. Desde muy temprana edad tuvo un acercamiento a la fe cristiana gracias a la influencia de su padre, quien le enseñó con su testimonio el valor de la oración, el ayuno y la confianza en Dios.

Cuando tenía aproximadamente cuatro años, atravesó una enfermedad extraña que los médicos no lograban diagnosticar. Durante tres días, su padre permaneció en ayuno y oración, clamando a Dios por su sanidad. Aunque en aquel momento ella no comprendía completamente lo que sucedía, recuerda verlo con la Biblia, orando y levantando sus manos. Su madre entraba a la habitación para ofrecerle alimento, pero él continuaba en ayuno.

Años más tarde, cuando la pastora Florecita le preguntó quién la había sanado, su padre señaló hacia el cielo y le respondió: «El de arriba te sanó». Con el tiempo comprendió que, durante aquellos tres días, su padre había estado ayunando y orando por ella. Esta experiencia dejó una huella profunda en su vida y marcó el comienzo de su formación espiritual.

Su padre también comenzó a llevarla a una iglesia cristiana local. Mientras él permanecía en el servicio, ella asistía a otro salón para participar en lo que entonces llamaban la “escuelita dominical”, donde recibió sus primeras enseñanzas bíblicas.

Aproximadamente a los quince años, en 1977, tomó personalmente la decisión de recibir a Jesucristo como su Señor y Salvador. Esto ocurrió durante una campaña de evangelización, mientras atravesaba una situación difícil. El mensaje que escuchó la ayudó a comprender que necesitaba acercarse más a Dios. Después de su conversión, comenzó a congregarse en la Iglesia Príncipe de Paz, ubicada en Chiquimulilla, Santa Rosa, Guatemala. De aquellos primeros años conserva enseñanzas que continúan guiando su vida y su ministerio: perseverar en la oración y el ayuno, confiar en Dios aun en los momentos difíciles y servir a los demás con humildad.

2. Una Nueva Vida en Estados Unidos

En 1980, debido a las difíciles circunstancias que enfrentaba en Guatemala, emigró a Estados Unidos acompañada de algunos familiares, con la esperanza de encontrar mayor seguridad y mejorar su calidad de vida. Se estableció inicialmente en Los Ángeles, California.

Como muchas personas inmigrantes, enfrentó numerosos desafíos: adaptarse a una cultura y a un idioma diferente, comenzar nuevamente, experimentar la soledad y trabajar para salir adelante. Durante sus primeros años en Estados Unidos dejó de congregarse y su vida espiritual se debilitó mientras concentraba sus esfuerzos en sobrevivir y construir una nueva vida.

En 1981 conoció a José S. Merlos, quien posteriormente se convertiría en su esposo. Juntos formaron un hogar y tuvieron cinco hijos: cuatro mujeres y un varón. Contrajeron matrimonio en el año 2002.

Un momento decisivo en la restauración de su vida espiritual ocurrió en 1991, cuando su padre viajó a Estados Unidos. Al verlo nuevamente leyendo la Biblia, recordó las enseñanzas y experiencias de fe que había recibido durante su infancia. El testimonio constante de su padre despertó nuevamente en ella el deseo de acercarse a Dios y continuar sirviéndole.

Su propia experiencia como inmigrante le permitió comprender de cerca los desafíos que enfrentan muchas familias al llegar a un país nuevo: adaptarse a una cultura y a un idioma diferentes, comenzar desde cero y, en ocasiones, sentirse sola o sin orientación. Con el paso del tiempo, esta experiencia también influyó en su manera de entender el ministerio. Deseaba que la iglesia fuera un lugar abierto a las personas y familias de la comunidad, sin importar su origen o circunstancias; un espacio donde pudieran encontrar acompañamiento, esperanza, orientación espiritual y una comunidad que las recibiera con amor.

3. Primeros años de servicio

En 2011, la pastora Florecita comenzó una nueva etapa de crecimiento espiritual y servicio en la iglesia Príncipe de Paz Church of the Brethren, ubicada en Santa Ana, California. Allí colaboró en diferentes áreas, comenzando con labores sencillas como el servicio en la cocina.

También participó en la entrega de alimentos a personas sin hogar y en la distribución de alimentos y ropa en albergues de Tijuana, México. Con el paso del tiempo asumió mayores responsabilidades, hasta llegar a desempeñarse como vicepresidenta de la Junta Directiva de la congregación. Estas experiencias fortalecieron su sensibilidad hacia las necesidades de las personas y le enseñaron que el ministerio también se expresa mediante el servicio práctico, la compasión y el acompañamiento de quienes atraviesan situaciones difíciles.

4. Llamado, preparación y credenciales pastorales

En 2014, la pastora Florecita Merlos recibió el llamado de Dios al ministerio pastoral. Con la bendición de sus pastores Richard (Q. E. P. D.) y Becky Zapata y el respaldo de Pacific Southwest District Church of the Brethren, inició su preparación ministerial mediante el programa SeBAH de la Academia de Bethany Theological Seminary.

Durante este proceso profundizó sus conocimientos bíblicos y se preparó para asumir las responsabilidades del servicio, el liderazgo y el ministerio pastoral.

El 1 de enero de 2015 recibió su primera licencia pastoral. Tres años después, en marzo de 2018, sostuvo una conversación con Russ Matteson, director ejecutivo de Pacific Southwest District Church of the Brethren, que marcó un nuevo momento decisivo en su ministerio. Durante este encuentro, Matteson le presentó formalmente la oportunidad de liderar un proyecto de plantación de iglesia en español en la ciudad de Waterford, California. La pastora Florecita no tomó la decisión inmediatamente. Durante aproximadamente un año permaneció en oración, buscando la dirección de Dios y discerniendo junto a su familia lo que significaría aceptar este nuevo llamado. Finalmente decidió responder a la invitación y prepararse para trasladarse a Waterford.

5. Una nueva etapa ministerial en Waterford

En septiembre de 2019, después de aquel periodo de oración y discernimiento, la pastora Florecita se trasladó junto con su familia a Waterford, California, para comenzar una nueva etapa de su ministerio y dirigir el proyecto de plantación de iglesia en español. Al iniciar esta nueva etapa, ya había escogido el nombre para la Iglesia “Nueva Visión La Hermosa”, inspirado en la visión que tenía para la nueva congregación.

6. Ministerio durante la pandemia

Pocos meses después de comenzar esta nueva etapa ministerial en Waterford, la pandemia presentó un desafío inesperado para la pastora Florecita y las familias a las que comenzaba a acompañar.

Durante el tiempo en que las reuniones presenciales se vieron interrumpidas, mantuvo una comunicación constante con las familias de la iglesia mediante mensajes de texto y llamadas telefónicas, procurando que continuaran sintiéndose conectadas y acompañadas pastoralmente.

En los casos que requerían una atención más cercana, realizó visitas siguiendo los protocolos de salud establecidos y brindó apoyo práctico a las familias que lo necesitaban, llevándoles comidas preparadas, provisiones básicas y otros recursos esenciales durante aquel período. En 2022 se reanudaron las reuniones presenciales, inicialmente manteniendo los protocolos de salud correspondientes. Esto permitió continuar desarrollando el ministerio y fortalecer nuevamente la vida comunitaria.

7. Ordenación al ministerio pastoral

En marzo de 2024, la pastora Florecita Merlos fue ordenada al ministerio pastoral en la iglesia Glendora Church of the Brethren, en la ciudad de Glendora, California, por el pastor y mentor Gilbert Romero, bajo la dirección de Russ Matteson, director ejecutivo del Pacific Southwest District COB.

8. Un testimonio de fe y servicio

La vida de la pastora Florecita Merlos también ha estado marcada por momentos de profundo dolor que pusieron a prueba y reafirmaron su fe. En 1991 enfrentó la pérdida de su padre, quien desde su infancia había sido una de sus mayores influencias espirituales y le había enseñado con su ejemplo a perseverar en la oración y confiar en Dios.

Años más tarde, durante la pandemia, en 2021, vivió una de las pérdidas más difíciles de su vida como madre: el fallecimiento de su hijo a causa del COVID-19. En medio del duelo, encontró nuevamente en su fe la fortaleza para continuar adelante y seguir confiando en Dios. Estas experiencias han profundizado su sensibilidad hacia el dolor de los demás y su manera de acompañar a quienes atraviesan momentos difíciles. Su historia continúa siendo un testimonio de fe, perseverancia, servicio y esperanza en Dios.

9. Vida Familiar

A lo largo de su vida personal y ministerial, la pastora Florecita ha contado con el apoyo incondicional de su esposo y de sus hijos. Su familia le ha brindado comprensión, motivación y respaldo para que pueda continuar desarrollando el llamado de Dios.

Sus hijos también han participado en diversas iniciativas de servicio, acompañándola en la distribución de alimentos para personas necesitadas y colaborando como voluntarios en iglesias, hospitales y escuelas. Siguiendo ese mismo ejemplo, sus nietos han continuado este legado familiar, sirviendo a los demás con amor, disposición y humildad.

La pastora reconoce que equilibrar la vida familiar y el ministerio requiere oración, sabiduría y prioridades claras. Ha comprendido que servir a Dios también implica cuidar, valorar y dedicar tiempo a su familia. Aunque el ministerio pastoral requiere entrega, tiempo y responsabilidad, procura reservar momentos para compartir con su esposo, sus hijos y sus seres queridos. Encontrar ese equilibrio no siempre ha sido fácil, pero con la ayuda de Dios ha aprendido a organizar mejor su tiempo y a reconocer que su familia también forma parte de su llamado. La comprensión, el apoyo y las oraciones de sus seres queridos han sido fundamentales para que continúe sirviendo con amor y dedicación.

10. Su misión pastoral en la actualidad

Actualmente, la pastora Florecita Merlos lidera la Iglesia Nueva Visión La Hermosa con amor, compasión y un firme compromiso con el servicio a Dios y a las personas.

Tiene la convicción de que su llamado consiste en alcanzar a las personas con el mensaje de Jesucristo, acompañarlas en su crecimiento espiritual y discipularlas. También cree que Dios ha depositado capacidades y potencial de liderazgo en cada persona, y desea ayudarlas a descubrirlos y desarrollarlos para que puedan cumplir su propósito y servir a los demás.

Su anhelo es que la Iglesia Nueva Visión La Hermosa sea un lugar donde las familias inmigrantes y toda persona que se acerque puedan encontrar esperanza, orientación espiritual, restauración y una comunidad que las reciba con amor. Su vida y su ministerio continúan guiados por los principios que aprendió desde su infancia: perseverar en la oración y el ayuno, confiar en Dios en medio de las dificultades y servir a los demás con humildad, compasión y dedicación.